domingo, 1 de junio de 2014

La Lapidación de Soraya M (2008, Cyrus Nowrasteh). Machismo Sagrado.

"I will tell the truth."


Uno de los muchos aspectos que hacen recelar a una mente racional (aún en estado embrionarioinfantil) de la verosimilitud de las propuestas que plantean las religiones mayoritarias más populares, es su evidente machismo militante. Tras un espectacular arranque bíblico con manzanas y serpientes, la ausencia de personajes femeninos de relevancia en las historietas y aventuras de libros sagrados y similares fantasías es evidente. Como buen artificio humano y varonil que son, las sagradas escrituras monoteístas suelen relegar el papel de la mujer bien al de aparato reproductor bien al de ramera. Y esos vientos traen las tempestades. Tempestades que terminan en quema de brujas y lapidaciones de adúlteras, una bonita tradición ancestral.

En 1986, siete años después de la revolución de los ayatolás que derrocó al Sha de Persia, el periodista irano - francés Freidoune Sahebjam se encontraba de viaje por la nueva República Islámica de Irán. Su coche tuvo un problema en mitad del desierto iraní y fue remolcado hasta el pueblo más cercano: Kapuyeh. Allí escuchó, de labios de Zarah, una historia que en nada se parecía a aquellas que contaba la bella Scherezade.

La joven Soraya M. había muerto lapidada el día anterior. Sus restos, devorados casi en su totalidad por los perros, yacían ahora esparcidos y diseminados a orillas del río pues la ley del Islam prohibía enterrarlos. El delito por el que fue condenada: adulterio.

Su auténtico delito: ser una mujer que no se doblegó a los libidinosos deseos de su marido, -que aspiraba a casarse con otra joven de 14 años-, a quien no concedió el divorcio (sí, las religiones son muy modernas para lo que quieren) para no morir de hambre ella misma y sus dos hijas pequeñas  cuyo destino, tras el divorcio, era el desamparo absoluto.

El libro que publicó Sahebjam en 1994 relatando estos abominables hechos, se convirtió rápidamente en un best seller y, en 2008, el director norteamericano descendiente de iraníes Nowrasteh Cyrus, lo adaptó al Cine creando la película que hoy recomendamos:


Una adaptación que contiene lo que es, para muchos, un mérito añadido: carga las tintas contra el fundamentalismo religioso y no contra el Islam, lo que viene a mostrar una sensibilidad y respeto por la religión organizada como necesidad comunal/espiritual que no comparto pero que son dignos de ser destacados.

La historia, rodada en farsi, está correctamente narrada y los actores se desenvuelven con solvencia. Pese a que el epílogo es algo anticlimático, innecesario y peliculero, la tensión de la narración es constante y el interés de la trágica historia de Soraya es incuestionable. Una de esas historias que tienen que ser contadas.

El clímax del film reside en la brutal secuencia de la lapidación que advierto que dura 20 minutos y que es dura de narices. A ustedes les toca decidir si es gratuitamente morbosa o necesariamente realista.

No sé qué me produjo más náuseas, si las crueles pedradas que recibe una mujer atada y enterrada hasta la cintura o que el que tuviera el honor de comenzar esa barbarie fuera el propio padre de la víctima.

La interpretación da la guapa Shohreh Aghdashloo como Zarah, la tía de Soraya, es conmovedora.

Algunos cristianos se han alegrado mucho de ver esta película que, bajo su distorsionada mirada excluyente, demuestra lo malos que son los musulmanes. Pero La lapidación de Soraya M. es, ante todo, un alegato en contra del maltrato a la mujer. Una demostración de que una mente perversa no crea sino maldades pero unos testículos perversos son todavía peores.

La banda sonora de John Debney es muy resultona. Dedicamos estas bellas notas a todos los hombres y mujeres de buena voluntad con la esperanza de que alguna enfermedad cruel, incurable y dolorosa se lleve por delante a todos los hijosdeputa que, tristísimamente, vuelven a poner en el candelero un tema tan horripilante.


Ya saben.., ante la duda y según la interpretación más interesadamente machista de la Sharia o la Biblia, la culpa es casi siempre de las mujeres, que se visten y se desvisten como putas.

2 comentarios:

PEPE CAHIERS dijo...

Estas cosas me sobrepasan, me asquea hasta que punto puede llegar la estupidez humana, en su lado más cruel, bestial e ilógico.

meneillos dijo...

Soy una persona pacífica que me repugna cualquier tipo de violencia, incluso la de ficción,pero a ese tipo de engendros sólo les puedo desear los peores sufrimientos en esta vida y las cien que crean tener después!!!!

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