jueves, 7 de julio de 2011

La Fortaleza de Brest. La Numancia soviética de la WWII.

"¡Muero, pero no me rindo! ¡Adiós, Patria!". Inscripción grabada en un ladrillo de la Fortaleza de Brest el 20 de Julio de 1941.


Durante muchos años la ciudadela conocida como la Fortaleza de Brest (fortificación de 1842 sita al Oeste de la ciudad de Brest, en la actual frontera de Bielorrusia con Polonia) se consideró inexpugnable. Pero claro, eso fue antes de que los ingenieros de todo el mundo se pusieran a inventar tanques, aviones, bombas y demás máquinas de matar. La madrugada del 22 de Junio de 1941 un comando de soldados nazi-alemanes disfrazados con uniformes del Ejército Rojo realizaron una incursión en territorio ruskie consiguiendo infiltrarse en la casa-cuartel de Brest. Eran la avanzadilla del primer ataque de los nazis a la URSS horas antes de la proclamación oficial y formal de guerra y del comienzo de la Operación Barbarroja. Es decir, un ataque a traición de los de toda la vida. Así de valientes eran los de la Werhmacht.

La resistencia en Brest fue numantina y cuentan los pocos supervivientes y los historiadores, que se combatió al invasor con pistolas, ametralladoras, artillería ligera, pero también con cuchillos, picos, palas, sillas, palos e incluso a puñetazo limpio. Las bajas fueron numerosas y la leyenda fue forjada (y un pelín exagerada) durante las décadas posteriores por las autoridades soviéticas que consagraron a estos primeros muertos como mártires de la Gran Guerra Patria, ésa que dejó 20.000.000 de cadáveres soviéticos caídos, -parafraseando al gran Vassili Grossman-, Por una Causa Justa. Y es que, en Brest, 3.500 soldados soviéticos mantuvieron a raya, durante 8 días (aunque algunos grupúsculos resistieron hasta 1 mes), a una división completa del Ejército Nazi (la 45ª de Infantería = 17.000 soldados) que, apoyados por artillería y aviación, tenían previsto tomar el complejo cuartelario en 15 minutos (!).

Para recordar aquella proeza y homenajear a sus muertos el, desconocido para mí, director ruso Alexander Kolt realizó el año pasado una cinta bélica con un argumento de corte ultra - clásico: La Fortaleza de Brest. La intención de la historia, narrada a través de los ojos de un jovencísimo cadete, es clara y, por ello, en su guión lo único que encontramos de color gris son los uniformes nazis. La Fortaleza de Brest es una película de buenos y de malos, de héroes y de villanos que, sin caer en la propaganda, parece estar concebida con el objetivo de glorificar aquella ejemplarizante demostración de heroísmo colectivo. Los buenos son los soviéticos y los malos (pero malos - malos) son los pu**s nazis.

Se llega al "atrevimiento" de destacar el papel de un comisario político del Partido Comunista (que parecían estigmatizados de por vida tras la perestroika) al que se muestra como uno de los elementos clave para contener el pánico y el caos iniciales permitiendo, gracias a su intervención, organizar una defensa eficaz para frenar la invasión boche. O sea, un portador de las firmes convicciones del Partido que logra un cambio en el estado de ánimo de los defensores. A mí no me cabe duda de que bien pudo suceder así (no ya solamente en Brest, sino en otras muchas ocasiones) pero le reconozco el mérito al tipo que se atreve a mostrarlo a día de hoy en una pantalla de cine. Y es que los comisarios políticos del NKVD siempre han estado muy mal vistos (demasiadas ejecuciones de tiro en la nuca en su haber).

Comprendo que la evocación de esta gesta histórica (cuasi legendaria) haya emocionado, conmovido y enorgullercido al público ruso y bielorruso de hoy día, pero reconozco que, fuera de este mercado natural, La Fortaleza de Brest es una película que interesará principalmente a los forofos del bélico (como yo), a los aficionados a la historia de la WWII (como yo) y a los interesados en la historia del siglo XX (como yo), el siglo más sangriento que recuerda nuestro planeta. En Brest la guerra y sus desastres desplegaron todo el catálogo imaginable de heroicidades civiles, militares, personales y colectivas: las familias de los soldados defendieron a balazos muchas de sus viviendas, civiles y militares se quitaron la vida antes de caer en manos de los nazis, la infantería soviética realizó (en ocasiones con soldados desarmados) cargas suicidas contra el fuego nazi y etc, etc. En fin, forofismo WWII en estado puro.

Lamentablemente para las víctimas del estalinismo, la exaltación del incuestionable heroísmo demostrado por la población civil y por el ejército soviéticos que revive, con toda justicia, esta película (como también lo hace la primera parte del tríptico del escritor Vassili Grossman Por una Causa Justa, novela cuya lectura recomiendo encarecidamente) mutaría en amargo desencanto por las crueles e injustas purgas estalinistas (como sucederá en Vida y Destino, segunda parte de la trilogía que ya recomendé hace un año aquí y que se remata con la inacabada, breve y desgarradora, -pero estupenda-, Todo fluye).

Por eso no alcanzo a comprender cómo queda tanto nostálgico de la Unión Soviética que sigue, todavía hoy (alguros foros pro-soviéticos son para mear y no echar gota), meneándosela viendo las virtudes del Estado Soviético (y no las verdaderas: las del Pueblo) en películas como esta La Fortaleza de Brest que hoy vengo a recomendarles. Una película que, si bien no les va a sorprender desde el punto de vista cinematográfico y que adolece de una presentación potable de sus personajes protagonistas, les asegura algo más de dos horas de entretenimiento rodadas con una calidad técnica notable.

Esperemos no tener que vivir nunca en primera persona momentos tan trágicos como aquellos. Momentos durante los cuales el escritor Vassili Grossman decía que: " el hombre percibe la luz, el espacio, el susurro, el silencio, los olores dulces y las caricias de la hierba y las hojas en su hermoso conjunto: todas aquellas centésimas o, tal vez, milésimas y millonésimas partes que componen la belleza del mundo. Aquella belleza, la auténtica belleza, solo quiere transmitir al hombre un mensaje: la vida es un bien".

9 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Interesante y desconocida (para mí) historia. Ya tuvieron mérito los de Brest al resistir, con tan pocos medios, al ejército nazi. Puede resultar interesante la peli. Saludos.

Soundtrack dijo...

Si es que hay tantos héroes anónimos bajo la dirección de estadistas repulsivos que, desde luego, a veces pienso que Los Gobernantes tienen al pueblo que no se merecen... :-/

kurtinaitis dijo...

estos alemanes y sus "blitzkrieg" o guerras relámpago, no cambiarán... tomar Brest en 15 minutos, meter el SAP en un año... bueno esto último más que guerra relámpago era un cagarro relámpago... bueno a ver si un día veo la peli, ... "bis bald"!

Möbius el Crononauta dijo...

Pues creo que la veré, como tú

David dijo...

Joder! No tenía que haber leído esta entrada. Ya estamos con deberes. Que si la peli, que si Grossman (que sí, que también me lo han recomendado los amigos; sé que tienes razón)... En fin...
Hace unos meses vi la de Enemigo a las puertas porque la habías recomendado por aquí en alguna vieja entrada o comentario y... bueno, a mí me falla...Sobre todo el final. Ese maniqueísmo de...el nazi es malo-malo...que veáis que mata al niño. El "político", como hace mal, tiene que pagar...por eso se "sacrifica". En fin... que tiene un arranque estupendo,pero que luego la historia me empieza a hacer aguas.
Sobre la entrada.
El que había puesto "muero, pero no me rindo!" todavía estaba vivo. Y a saber si fue una orden de algún comisario de esos que mencionas. En la patria van a estar pensando los que resisten... en la patria precisamente. Si acaso en la patria personificada en sus familiares, vecinos y... en fin... Esa entradilla casi me sobra (nota disonante, ya sabes).
Jopé... es un peñazo ver pelis de guerra de ahora en las que los malos son malos y los buenos-buenos. Puedo pasarlas hace años, pero ahora quiero más cosas como... no sé... el díptico de Eastwood, por ejemplo (esas dos sí que me gustaron; buenísimas, en mi opinión... pero buenas-buenas, y nada de gestas épicas de resistencia que al final dan una idea tal vez equivocada de cómo fueron las cosas). Ya sabes que ni la Historia es tal y como nos la cuentan, imagínate las pelis "históricas".
Un saludito.

Mr. Lombreeze dijo...

David, sí, ese último grupúsculo que escribió el graffiti todavía estaba vivo en el momento de escribirlo, pero luego fue masacrado. Sobre teorías conspiratorias no me pronuncio, pero al comienzo de la invasión yo presumo que el fervor por defender tu tierra tendría bastantes trazas de ser sincero.
Mmm, si no te gustó Enemigo a las puertas que, para mí, es de lo mejor del bélico de los últimos años, entonces no te recomiendo que veas La Fortaleza de Brest, la puedes borrar de tu lista de pendientes. A mí no me convence del todo lo de humanizar a las bestias nazis o a los hijoputas japos en el cine de la WWII, para esto tengo los libros de Beevor y los documentales de la BBC.
Creo que el juego buenos-malos funciona bien en según qué géneros y según qué puntos de vista. Me sigue entreteniendo. La historia de Brest la cuenta un casi niño cadete soviético para el que entiendo que solamente hubo blancos o negros durante esos días.
A mí las banderas y las cartas de Tito Clint me parecen un tostón muy grande, sobre todo la de las Cartas, que es como una peli de guerra para chicas que mi estómago no puede digerir. Afortunadamente para ti, son pocos los casos de pelis históricas de buenos vs. malos, la corrección política se ha impuesto. Solamente queda hueco para meterse con los nazis, los talibanes, los señores de la guerra africanos y poco más. Ah, y con Mordor o Voldemor. El resto del mundo cinematográfico está lleno de luces y sombras, vaya coñazo. Echo de menos a Custer.

David dijo...

Ja,ja,ja....
Vaaaaaaaaaaaaale... Entiendo lo que quieres decir. Y tienes parte de razón. Puedo aceptar y degustar las pelis de blanco y negro (y no me refiero al color)...pero a veces me gusta ver que las cosas no son tan así (que también lo son; depende qué te encuentres y cómo lo cuentes...también es verdad).
"Enemigo a las puertas" no está mal, pero no me parece tan buena... por esos detalles de guión que te comento. El francotirador alemán no tenía por qué ser tan malo-malo... Eso de ahorcar al niño era un aliciente para que como espectadores tuviéramos un enemigo...Pero a mí ya me convencía lo de enemigo sin más (joder! el tío se estaba cargando rusos; no hacía falta cargarlo con lo del niño; pero eh! es mi idea, yo ni escribi la peli ni la he dirigido).
Cartas de Iwo Jiwa me gustó más que a ti, por lo que veo. Pero la de Banderas de nuestros padres me gustó bastante más.
Algunas de mis pelis bélicas favoritas (aunque bélicas, lo que se dice bélicas):
- El gran desfile.
- Sin novedad en el frente (por tu recomendación).
- Senderos de gloria.
- Capitán Conan
- La colina de los diablos de acero.
Y bueno, podría seguir pero lo dejo...
De todas formas, incluso en la de Custer, el malo era el blanco que vendía las armas y el alcohol, ¿no?
Pero estoy contigo... sólo era por tocar un poco las narices, ya sabes (ja,ja).
Un saludo.

Trónak el Kárbaro dijo...

Vida y Destino no la pude terminar no por ser una novela larga. Me entró un mal rollo de mucho cuidado. A pesar de eso pienso terminarla. La peli pinta muy bien, me encantan las de la 2º gran guerra. Saludos.

Mr. Lombreeze dijo...

Trónak, es que la historia del tanquista de Kursk, la de Krímov... es durilla aunque no sea violentamente explícita ni nada de eso, verdad?
Por una causa justa es más heroica aunque sin caer en la épica propagandística, creo yo.
La de Todo Fluy sí que es dura de narices. Bueno, la peli es convencional, pero para los WWIIfilos nos vale.

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