viernes, 24 de septiembre de 2010

200 años de la Oktoberfest.

Uno de los pocos hitos de mi biografía que me llenan de orgullo y satisfacción es aquel momento, (hace más de 15 años ya), en el que los vapores etílicos de la cerveza bávara me llevaron a un planteamiento que trasladé al que entonces era mi patrón: "Oye G. ¿y por qué no montamos una movida así en Zaragoza para los Pilares?". Y, a día de hoy, el acontecimiento perdura en el programa de fiestas en honor a la patrona de mi ciudad sin que yo haya cobrado ni royalties ni nada.

Es cierto que esa idea flotaba en el imaginario colectivo de aquella expedición zaragozana, de la que yo formaba parte, que se fue a combatir contra los bárbaros, (aka bávaros), del norte de Europa y sur de Alemania, a Munich, para comprobar cómo iba el proceso de desnazificación, pero que acabó en fraternales abrazos germanohispanos.

La Oktoberfest de Munich cumple en esta edición 200 años de historia, una historia que viene muy bien contada en la wikipedia. Quiero hoy recordar a esta maravillosa y divertidísima Fiesta de la Cerveza muniquesa que es un cachito de mi propia historia porque en aquella Oktoberfest de aquel noventero año experimenté lo más parecido al síndrome de Stendhal que he sentido jamás, una sensación solamente comparable a mi primera visita a Praga, (un viaje del que regresé convencido de que yo me iba a vivir allí por mis santos botones).

Extraños compañeros de viaje provoca la ingesta de Löwenbräu o de Spaten porque no fueron pocas las alianzas germanoespañolas contra la liga italiana del norte. Los spaguetti no eran muy bien recibidos por aquellos lares, pese a lo cual, los muy ragazzi inundaban las calles de la hermosa capital bávara y los pabellones del recinto ferial. Una anécdota: A la entrada de la celebérrima y mítica HB, un portero del tamaño de Groenlandia nos dijo que el local estaba lleno. Uno de mis compañeros de expedición, veterano oktoberfestero que se las sabía todas, le dijo "We are not italians, we are spanish!!!", a lo que el portero respondió en un robótico castellano "¡hola amigos!".

Otra anécdota de abuelo cebolleta, (os prometo que es la última): la gente de bien odia a los tunos, esto es así, pero en Munich, durante la Oktoberfest, todo es posible. Confraternizamos con dos tunos zaragozanos que se ganaban la vida bastante bien porque los generosos turistas y los nativos municheses flipaban con sus capas, cintas, cánticos, bandurrias y panderetas. Con estos tunantes acabamos de madrugada en el que parecía ser el único local abierto en la noche de Munich. Era un puticlub bastante elegante. Nuestros amigos los tunos fueron requeridos a cantar algo para las meretrices y la distinguida clientela masculina. En un alarde de agudeza y rapidez ineltectual, como no he vuelto a ver de nuevo, cambiaron la letra del "Guantanamera" por un improvisado "Cuanta ramera, había cuanta ramera...", que los clientes y las lumis coreaban con alegría y que me provocó un intenso dolor de estómago a causa de una risa incontrolable que se apoderó de mi cuerpo y alma.

Mi amigo tuno y yo.

Moraleja: puedo contarle a mis nietos que, onceuponatime in Munich, me tomé cuatro whiskies de malta en un puticlub y no pagué ninguno. Otro gran hito en mi vida.
Y es que In München steht ein Hofbräuhaus...

Os dejo con una bonita melodía tradicional alemana.


9 comentarios:

David dijo...

Ja,ja,ja...
A ver... A mí con los tunos me pasa un poco lo que a tu hermano con la gente que no tiene reloj, pero unos tíos que tienen esa coña e ingenio, merecen toda mi admiración. ¡Qué capullos! (ja,ja). Menos mal que no había ninguna que supiera castellano, que si no, igual la gracia acababa en bronca (ja,ja)...

Lo de "Hola, amigos" me ha recordado otra de cuando yo estuve en Angouleme y para entrar a uno de los stand, que había que pagar y no sabíamos ni dónde estaba la taquilla, no teníamos tampoco mucho dinero, chapurreé en castellano algo, a lo que el portero dijo: "¿Españoles? Entré, entré.." Qué hombre más majo.
La foto es genial...
Y ya veo que te consideras casi como el inventor del karaoke. Dando felicidad, y sin cobrar nada a cambio.
Buenos días.

David dijo...

Acabo de ver el vídeo. A ver cuándo puedo ir a la Oktoberfest...

dvd dijo...

De esto creo que puedo decir algo, porque trato con alemanes a diario y son la raza más inquietante, inabordable y hermética del planeta... Pero dales un par de birras y se transforman como Gremlin empapado... No he visto extremos tan acentuados en otras nacionalidades... Un consejo: cuidao con los tunos, que los carga el diablo...

Marcos Callau dijo...

Hola Mr. Lombreeze. Viendo las imagenes creo que sería conveniente al menos una vez en la vida acudir a una Oktoberfest que nunca he estado. Sí, ya se que parece raro pero es que tampoco la cerveza es lo que más he bebido en mi vida. Un saludo.

MrMierdas dijo...

jajajajajajajajajaja...preciosa melodía alemana!!!SEMPER FIDELIS.Mr, no sé poque pero cuando oigo esta tonada, sé que nada me va a suceder...jajajajajajajaja!!!es como la corneta del séptimo de caballería...jajajajajaja!!!Buenísimo!!!

Onetwothree dijo...

Así que cuando vaya algún año de estos al Oktoberfest ya se que pondrá en mi camiseta "I'm not italian, i'm spanish" y será como llevar un pase VIP.

Grande tu colega Mr.Lombreeze.

miquel zueras dijo...

Joer, Lombreeze, cuatro maltas sin pagar y yo que tan satisfecho estaba de haber tomado dos mojitos por la cara... y no me ponga a estas dos teutonas (sí, he dicho teutonas) que uno no es de piedra y es que ese look de cantinera bávara me pone a cien mil. Borgo.

Mr. Lombreeze dijo...

Yo también trato a diario con alemanes y no es cierto lo que dicen de ellos porque son tan tontos, tan jetas y tan vagos como nosotros.

La verdad es que la fantasía de la mesonera bávara es recurrente y pone bastante.

La Oktoberfest es una celebración que nadie debería perderse. Otro año acudí con un amigo al que no le gusta nada la cerveza. Nos llevamos unas petacas de J&B y arreglado.

Möbius el Crononauta dijo...

Dios mío, ¡eres un visionario! Zaragoza te debe mucho pues.

Dios mío, creo que me encantan las canciones populares alemanas... y las rubias freshcas

Nunca he estado en el oktoberfest... ¡que estoy haciendo como mi vida!

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