domingo, 24 de octubre de 2010

Las Aventuras de Gottfried Rinkley. Capítulo XII.

Capítulo XII. Gottfried Rinkley en la Infantería del Ejército Imperial.

Extracto del libro "Por mi patria, lo que haga falta", memorias del Coronel de Infantería Heinrich von Osterrtoreoesch:

"Siempre viene a mi memoria la figura del cabo Gottfried Rinkley cada vez que mis nietos o alguno de sus amiguitos me preguntan por alguna anécdota de mis tiempos de guerrero. Obviamente estos inocentes personajillos no están todavía preparados para escuchar relatos sangrientos y tampoco tienen formada la personalidad adulta que les pemita disfrutar, en toda su grandeza, del concepto del heroísmo en el campo de batalla. Es por ello que les narro el episodio de la Batalla de Westthoelinchbrogh-abben durante la que, -y así lo ha reconocido recientemente incluso el Real Museo de la Guerra de Su Alteza Imperial-, inventé las trincheras. Recuerdo muy bien la figura del entonces cabo Rinkley; lucía una larga cabellera rubia. Era él el encargado del mantenimiento y reparto de los mosquetones entre la tropa. También decidía si para la refriega de turno se debía colocar en la punta del mosquetón, bien una bayoneta, bien unos calcetines, dependiendo de la hora prevista del enfrentamiento y del estado del campo de batalla. Mientras repartía bayonetas, (o calcetines, no recuerdo bien qué se eligió aquel día), entre las tropas horas antes de aquella gloriosa batalla, Rinkley no pudo dejar de observar los pálidos rostros de sus compañeros que, en pocas horas, iban a entrar en combate contra un contingente que nos superaba en número en la proporción 100 vs. 1. Estaba claro que aquello suponía una clara desventaja, (no ya anímica sino incluso física). La soldadesca lo sabía, yo lo sabía, pero era una cuestión de honor para nuestro Estado Mayor y para mí mismo plantar cara al enemigo en aquel pueblo, Westthoelinchbrogh-abben, que poseía el mejor horno de leña de toda la comarca, lo que nos aseguraba el suministro de viandas para nuestros muchachos, por lo que ese pueblo se convirtió en un emplazamiento clave que había que conquistar a toda costa. Fue entonces cuando el cabo Rinkley tuvo la genial idea de cavar una serie de fosas defensivas en las que apostamos a nuestra infantería y que cogieron a nuestro enemigo por sorpresa, pues la táctica era del todo novedosa. Las tropas hostiles arremetieron una y otra vez contra nuestros muchachos quienes, bien pertrechados y mejor protegidos en lo que más tarde se denominaría "trinchera" en honor del Mariscal Herbert von Trinch, derrotaron a los desconcertados ejércitos mongoles de Ting Arkham-Ulm.

Cuando pregunté al astuto cabo Rinkley por su magnífica idea, me respondió sin dudar: "Vos sois mi inspiración sire". "-Así pues, joven muchacho de larga cabellera rubia, ¿proclamáis que el merito es de vuestro Coronel?, - Sin dudarlo sire. Yo proclamolo".
Luego se alistó en la Armada y ya no supe nada más de él..."

Extracto del libro "La verdadera historia de la Batalla de Westthoelinchbrogh-abben", del historiador serbio Allan K. Jacobbs:

"Aquella fría mañana el Coronel Heinrich von Osterrtoreoesch se levantó de muy mal humor y la cosa empeoró todavía más cuando no encontró los cruasanes que solía desayunar habitualmente junto a su café con leche. Tras mandar fusilar a su ayudante de cámara preguntó por la razón de tan ofensivo desayuno. El capitán Luis de Venarois informó al coronel que el pueblo de Westthoelinchbrogh-abben, famoso por su horno de leña, había sido conquistado durante la noche por las tropas de Ting Arkham-Ulm y que el panadero que solía hacer el reparto de cruasanes había sido descuartizado por los soldados mongoles y su cráneo era ahora un cuenco lleno de hidromiel. "Se rumorea que los mongoles van a derribar el horno y van a construir una granja equina, sire", añadió apesadumbrado el capitán De Venarois. "No lo consentiré", respondió von Osterrtoreosch, "¿cómo voy a defender las fronteras imperiales sin crusasanes?. Ataque el pueblo y reconquístelo. Es una orden".
Luis de Venarois, consciente de que los soldados mongoles superaban a sus tropas en proporción 100 vs.1, envió un mensajero al cabo Rinkley, -a quien todos conocían como "el calvo"-, que le entregó una nota que decía. "Estimado cabo Rinkley. Os han encomendado la misión de tomar el pueblo de Westthoelinchbrogh-abben. Dudo mucho que ello sea posible, por lo que en estos momentos estoy huyendo hacia las regiones bálticas para no regresar jamás. Allí me desposaré con mi prima Eugenia, cuya dote es suficiente para vivir en la opulencia varias vidas. Buena suerte, aunque creo que lo más probable es que las tropas mongolas os trinchen como pavos. Me he permitido la licencia de citaros a vos y a vuestros hombres con las tropas mongolas que os embestirán, con todo el poder de su legendaria caballería, a las doce horas".
Rinkley leyó la carta ante los 300 desafortunados soldados encargados de llevar a cabo la delirante misión del Coronel. Sabedores de que su fin estaba cercano, comenzaron a redactar cartas de despedida a sus familiares y amigos cuando fueron interrumpidos por el cabo Rinkley que les espetó para que comenzaran a cavar sus propias fosas evitando así la fatigosa faena a los camadaras de armas que les reemplezarían tras su muerte. Los soldados accedieron y pusiéronse a cavar sus lechos en la fría tierra que en unas pocas horas acogería sus restos trinchados por las bayonetas mongolas. De ahí el nombre de trincheras que deriva del original "trinchaderas" que es como Rinkley las bautizó.
El ataque mongol tuvo lugar a las 11.30 siguiendo el patrón de su táctica de ataque sorpresa ejecutado exactamente media hora antes de la hora prevista. Una táctica que les había ayudado a conseguir un gran número de victorias y que los estrategas eurpeos consideraban poco caballerosa por lo que ignorabanla siempre. Los hombres de Rinkley no habían acabado sus tumbas y se defendieron parapetados en las primeras trincheras de la Historia Militar. Murieron 1.800 soldados mongoles y 2 compañeros de Rinkley por golpe de calor. El Coronel Heinrich von Osterrtoreoesch se adjudicó el mérito de la victoria y tomó el horno de leña en nombre de la Reina Madre, bautizando los primeros bollos que de allí salieron como "cristinas" en su honor. Nombró a Rinkley capitán de fragata para alejarlo de allí cuanto antes y lo envió al puerto de Innsbruck para que embarcara en el SS. Peanecock como primer asistente del Contramaestre Mayor J. W. H. Lester..."

La Marcha Osterrtoreoesch, del compositor Heinrich W. Koerheschvitz.

6 comentarios:

MrMierdas dijo...

jajajajaja...acojonante! con lo de las cristinas casi me meo de risa, y que buenas estaban!!!

La music, genial como siempre!

David dijo...

Ja,ja,ja.... A mí me ha encantado lo de las dos versiones de la historia.
No puedo escuchar ahora la música, que todos están durmiendo (menos yo)... Luego paso.

Mr. Lombreeze dijo...

Os he mentido. La música es la Marcha Turca de Las Ruinas de Atenas de Beethoven.

G. K. Dexter dijo...

Mr. Lombreeze.

Genial.

Un saludo cinéfilo-literario-musical.

lunes dijo...

Coincido con David. Lo de las dos versiones muy bueno, y el contenido descojonante a la par que adictivo. Lo del párrafo del ataque sorpresa es digno de guion peli W.Allen.

Insanus dijo...

Leído con el clip de más arriba de fondo, el de Babe, que también le pega bien, :).

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