sábado, 12 de diciembre de 2009

El Salitre de las botas de Pockollock. Capítulo XXV.

Capítulo XXV. Muerte entre las flores de Zelinsky

No ha sido hasta hace solamente 5 años cuando se ha desvelado la misteriosa muerte de Zelinsky el naturalista, del alcalde de Brevosia Lopinski y de las dos prostitutas que quedaron en el campamento cercano a los campos de flores de las nieves de las minas de lignito.
El hallazgo de lo que en realidad sucedió allí antes de que el Sargento Trevor Malmus encontrara los cuerpos, fue posible gracias a los intensivos trabajos de un equipo de investigadores internacionales de las Universidades de Florida, de Massachussets y de la Complutense Parapsicóloga Provincial de Bolivia. Combinando técnicas infográficas con el análisis espectrográfico de muestras de ADN de los restos de los 4 cadáveres, han llegado a la conclusión de que fue esto lo que pasó en aquel claro del bosque hace ya casi un siglo:

Cuando el alcalde Lopinski, temeroso de ser homosexual por sentir tan fuerte pasión hacia el sargento Malmus, llegó al campamento huyendo del efecto urticante de las flores de las nieves, se encontró con un extraño panorama. Zelinsky había maniatado a las dos prostitutas y tras abusar de ellas las había colocado suspendidas de sendos árboles valiéndose de un juego de poleas de su invención que años más tarde se mostraría muy efectivo en la construcción del ferrocarril transalpino. Las pobres desdichadas contemplaban a sus pies un enorme depósito lleno de un fluido viscoso cuya formulación química era la ya clásica "fórmula de Zelinsky", -CH3(CH2)14COOH-.

Construcción del ferrocarril transalpino.

Las mujeres aterrorizadas comenzaron a proferir gritos de auxilio.

- ¿Qué está sucediendo aquí Zelinsky?, -preguntó el Alcalde
- Alcalde, no se preocupe, es un inocente experimento científico con el que pretendo demostrar que el "agobio", (actual "stress"), es una enfermedad que se puede curar gracias a un método de mi invención.
- Pero, pero, esas pobres mujeres, ¿qué les va a pasar?
- Alcalde, todo nuevo descubrimiento conlleva algunos riesgos, pero confío en que todo saldrá según lo previsto.

Y Zelinsky comenzó a maniobrar una serie de engranajes que acabaron por sumergir a las dos prostitutas en el fluido viscoso o "fluido de Zelinsky". A los 30 segundos de inmersión, las pobres desgraciadas comenzaron a agitarse compulsivamente. "Un poco más, un poco más...", murmuraba Zelinsky ante la horrorizada mirada del Alcalde de Brevosia.

- ¿Por Dios, pare Ud. esta insensatez!, -gritó Lopinski.
- ¡Cállese por favor!, estoy en mitad de un importante trabajo de campo.
- Zelinsky, no se lo voy a volver a repetir; ¡saque Ud. a esas señoritas ahora mismo!. ¡Es una orden!. Soy el Alcalde de Brevosia y está Ud. en mi jurisdicción.

El rostro de Zelinsky mudó de color. Rojo de ira se volvió hacia Lepinski y le escupió en la cara.

- ¡Maldito paleto bebedor de repugnante aguamiel! ¿Cómo se atreve?. Sucio pueblerino regente de vagos harapientos y malolientes. ¿Quién se cree ud. que es para detener al Progreso?. Déjeme en paz y vuelva a su pueblucho antes de que le denuncie a las autoridades imperiales y le releven de su miserable cargo. ¡No vuelva a molestarme!, o de lo contrario...

Fluido de Zelinsky.

Y Zelinsky siguió contando: "46, 47, 48...". Al llegar al número "62" su percepción del claro del bosque cambió. Sorprendido descubrió que las prostitutas y todo su experimento se habían esfumado. El sol brillaba más que nunca, hasta el punto de que los árboles del bosque parecían ser translúcidos. Encontrose repentinamente desnudo y en el lugar en el que siempre había tenido sus genitales no vio sino una gruesa capa de piel rosada de aspecto impúber. De repente, una voz que sonaba dulce y melodiosa le susurró al oído:
"Percivaaaaal, Percivaaaaaaaal, te acaban de abrir la puta cabeza con un pedrusco. Estás mueeeeeeerto".

Rowentall Lopinski, Alcalde de Brevosia, acababa de asesinar, harto ya de tanto agravio a su aguamiel y a su pueblo, al presuntuoso naturalista Percival L. Zelinsky. En vano, intentó salvar la vida de las dos prostitutas que habían muerto ahogadas por culpa de los delirios de Zelinsky. Volvió corriendo aterrorizado en busca de su amor platónico, el sargento Trevor Malmus, y del guía, Malmustus el mulato. Cuando encontró los restos del cadáver del desdichado joven corrió presa del pánico sin rumbo fijo gritando: "¡¡¡La maldición de las flores de las nieves!!!. ¡¡¡La maldición de Mulubwa!!!". Repentinamente sus pies parecieron dejar de estar en contacto con el suelo y sintió cómo flotaba sobre la hierba del bosque. Una luz intensísima casi le cegaba, no sentía sus genitales y sus canas habían desaparecido. Una voz dulce y melodiosa le susurró: "Rowentaaaaaaaaall, Rowentaaaaall, desdichado, deja de correr, ¡que te has tropezado y te has desnucado!".

Última imagen que vio Lopinski según la Parapsicóloga Provincial de Bolivia.

Próxima semana: Capítulo XXVI. Llegada de la Expedición Griffith a la Capital Imperial.

2 comentarios:

Insanus dijo...

jajjajjaj! Las voces de bienvenida del Más Allá, gran ocurrencia, :).

Mr. Lombreeze dijo...

En el Más Allá no están permitidos los genitales, como bien sabes.

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