miércoles, 2 de diciembre de 2009

Semana No Santa Gusana. Capítulo III. Opiniones de un payaso. Los creyentes desilusionados.

"¿Lo sueltas o qué maño?".

"Sí, la Iglesia es rica, tan rica que apesta. En realidad apesta a dinero, como el cadáver de un hombre rico. Los cadáveres de los pobres huelen bien, ¿lo sabía usted?."

Heinrich Böll , (1917-1985), ganador del premio nóbel de Literatura en 1972, publicó en 1963 su novela "Opiniones de un payaso" que, dicho sea de paso, es una de mis novelas favoritas ever. Esto es, más o menos, lo que nos cuenta:

Hans Schnier es un payaso perteneciente a una rica familia protestante alemana. Pese a la inicial oposición de sus padres, sus innatas y evidentes dotes artísticas le permiten labrarse una respetable carrera en el mundo del espectáculo. Hans está enamorado de Marie, practicante - militante católica con quien convive en concubinato, (o "concupiscencia carnal" como él dice). Tras 6 años de vida en común, Marie finalmente abandona a Hans debido, según él, a la presión de su círculo de amistades, activistas católicos, que le reprochan no estar casada por la Iglesia, como Dios manda. Es entonces cuando Hans, abatido, comete el peor pecado posible que puede cometer un payaso: "provocar compasión" durante una de sus actuaciones.

Comienza así el declive personal y profesional del joven protagonista que, de vuelta a su domicilio en Bonn, tras un decepcionante último bolo, comienza a telefonear a diversos personajes en busca de Marie, su amor. Un recurso que sirve al escritor para darles un repaso a muchos de sus compatriotas.
Para más INRI, su relación con sus progenitores no es muy buena. En una ocasión en la que Hans telefonea a su madre, como buen payaso que es, le dice: "Le habla un delegado del comité central de los judíos yanquis que se encuentra de viaje; pónganme con su hija por favor." La hija de su madre, su querida hermana Henriette, está muerta. Lleva 15 años muerta. Murió poco antes de terminar la Segunda Guerra Mundial cuando partía, muy contenta y con la bendición parental, a ayudar en la lucha de la Gran Alemania contra judios y comunistas. Hans quedará para siempre marcado por esta desgracia de la que culpa a sus padres. Otro buen ardid argumental con el que el autor ajusta cuentas con la sociedad alemana de los 40, tan pronazi y probelicista.

Dicen que "Opiniones de un payaso" es un lúcido análisis y una brillante disección del comportamiento de parte de sociedad alemana de posguerra, a la que el propio autor pertenece y a la que crítica su hipocresía. Una hipocresía que no deja a Hans conseguir su única ambición: ser feliz trabajando de payaso y amando a Marie.
Por eso parece ser que fue de las obras que enarbolaron los jovenzanos del 68. Y eso que Böll era un católico de los pies a la cabeza. Heinrich Böll se lamenta, decepcionado, de la falta de auténticas convicciones morales de los católicos alemanes. Ésta es la parte que más me hace disfrutar, como buen antijuedocatolicoislamicorreligionario que soy. Pero ojo, que el protagonista, Hans Schnier es agnóstico y reparte cera a todo el mundo. A mí también. Célebre es su sentencia: "Me aburren los ateos. Siempre están hablando de Dios". Tiene más razón que un Santo.

La ironía y el sarcasmo que destilan cada una de las frases del payaso Hans Schnier son deliciosamente divertidas, aunque no están exentas de amargura por el dolor de la pérdida de Marie, motor vital del protagonista y del libro.

Esto es lo que más me sigue atrayendo de esta novela. Yo me quedo con la crítica religiosa y el estilo narrativo de Böll y dejo para el que le interese la crítica social del "milagro alemán" del católico Adenauer.

Cómo disfruto con párrafos como éste:

"Me hubiese gustado mucho llamar enseguida a Sommerwild, pero era aún demasiado pronto, ya que me había propuesto despertarle de su sueño allá por las dos y media de la madrugada, y conversar con él largo y tendido sobre arte. (...). También reflexioné cómo le asesinaría. A los estetas lo mejor es romperles en la cabeza un valioso objeto de arte, con lo cual sufren, aún al morir, por el crimen artístico. Una madona no sería lo bastante valiosa y es demasiado sólida, y moriría con el consuelo de que la madona se había salvado; y una pintura no es lo bastante pesada, si se exceptúa el marco, y le quedaría también el consuelo de que el cuadro se conservaba. Podría yo raspar la pintura de un cuadro valioso y estrangularle o asfixiarle a él con la tela: ningún crimen perfecto, pero un perfecto crimen estético. "


Un excelente libro que cuenta con un ilustre predecesor, (¿inspiración?), "El Guardián entre el Centeno" y que fue llevado al cine , aunque no sé nada acerca del resultado.

6 comentarios:

Soundtrack dijo...

Iba a decir algo sobre que opiniones de payasos las vemos todos los días en los telediarios, pero mejor me callo...

Mr. Lombreeze dijo...

Estamos hablando de payasos, no de fantoches.

Lucifer, Becario del Mal dijo...

Interesante novela, espero mucho de ella tras esta monumental y acertada rajada. Aunque tengo que reconocer que esa otra novela que menciona, el guardian del centeno, la uso actualmente para equilibar la horizontal de una mesa con problemas de estabilidad, almenos hasta la próxima Berbena de San Juan.
Saludos!

redrum dijo...

Espero que no me maten con la edición especial en Blu Ray de 2001...

1 saludo!

David dijo...

Lo leí hace muchos años. Me gustó. Aunque me parece que no tanto como a ti. Llego tarde, pero ha sido al leer tus comentarios en Pensamiento del vacío (más largo que los post que te haces aquí... Coincido en lo básico.. y perdón si he descontextualizado a Dawkins...)
Arderás en el infierno!! (ja,ja,ja) Me encantaría tener un compañero así. Lo que me iba a reir. Claro que igual al final cansa, y me hace ser más sarcástico que Dawkins en mis comentarios.
Un saludito.
PD: Por cierto, ¿esta novela no acababa con el tío pidiendo limosna?

Mr. Lombreeze dijo...

David, ojalá existiera un infierno en el que, sin duda, arderían esta panda de talibanes. Como no es así, los brights tenemos que combatirlos en esta vida.
No se combate al creyente, al místico buenazo, sino al evangelizador inquisitorial. Al cáncer de la Humanidad.

Sí, algo así termnina la novela...

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