domingo, 24 de noviembre de 2013

LA CANCIÓN MÁS HERMOSA JAMÁS COMPUESTA (y la más triste).


La canción más hermosa jamás compuesta es

Im Abendrot (que significa algo así como "En la puesta de sol", "Al atardecer", "En el Ocaso"...) y fue compuesta por el genial músico alemán Richard Strauss en 1948 quien puso música al poema homónimo de Joseph von Eichendorff (1788-1831).
 

El maestro Strauss la dedicó a su esposa, Pauline de Ahna, una célebre soprano. Strauss no llegó a contemplar el estreno mundial que tuvo lugar en Londres en 1950, murió poco antes a la edad de 84 años. Más tarde, su editor incluyó Im Abendrot, junto con otras tres de sus canciones basadas en poemas de Herman Hesse, en el famoso ciclo Las Cuatro Últimas Canciones, que viene a ser el canto de cisne de la música postromántica europea, o sea, casi - casi, la muerte de la Gran Música Clásica más clásica.

Richard Strauss es uno de mis diez mejores compositores favoritos aunque él se definiera como "un primera clase de la segunda división de músicos". Su prodigioso dominio de la orquestación de una orquesta sinfónica ha sido pocas veces igualado.

Im Abendrot es la obra de un genio que supo condensar en esta canción los principales leitmotivs vitales de cualquier ser humano; compuesta al final de su vida (la muerte), dedicada a su mujer (el amor) y también a la memoria de su padre (la familia, la infancia, la nostalgia) que había sido un célebre intérprete de trompa (la orquestación incluye cuatro trompas). Estaba claro que de toda esa mezcla de nobles sentimientos tenía que nacer una perla tan bella como la que vamos a escuchar hoy.

Disfruten de este poema musical que es un canto espiritual a las puertas de la muerte. Las últimas notas que suenan, una vez extinguido la melancólica voz de la soprano y mudas ya las palabras de Eichendorff, son estremecedoras. A mí me parecen tristísimas.

El texto dice:

Con penas y alegrías,
mano a mano, hemos caminado.
Reposemos ahora de nuestros viajes,
en la tranquila campiña.
A nuestro alrededor se inclinan los valles,
ya la brisa se ensombrece.
Sólo dos alondras alzan todavía el vuelo
soñando de nuevo en el oloroso aire.
Acércate y déjalas trinar,
pronto será hora de dormir,
para que no podamos perdernos
en esta soledad.
Oh, inmensa y dulce paz,
tan profunda en la puesta de sol,
qué fatigados estamos por haber caminado.
¿Será esta, entonces, la muerte?

La versión, la de la inigualable Elisabeth Schwarkopf.

8 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Curioso y por otra parte lógico que un hombre, al final de sus días, acuda al amor, a la nostalgia del pasado, la infancia y a la misma muerte. Un final más que digno para el postromanticismo europeo. No exajeras ni un ápice al afirmar que es la canción más hermosa jamás compuesta. Y el poema es una despedida que deja sin palabras. Un post muy bonito, Mr. Lombreeze. Un fuerte abrazo.

Tarquin Winot dijo...

Mira tú que cosa... En la entrada de esta semana, hablo yo también de Strauss. Y también de sus cuatro últimas canciones. Y también de que, posiblemente sea el último genio de la música que hemos tenido. ¡Qué cosas!

"Im abendrot" es fascinante, pero en mi caso, es "Beim schlafengehen" mi favorita y, a su vez, una de las composiciones más hermosas de la historia de la música.

Alvaro dijo...

Mr. Lombreeze muchas gracias por compartir estos materiales tan enriquecedores, lo respeto y aprecio mucho. Un abrazo.

PEPE CAHIERS dijo...

Muy hermoso, pero me pone más triste que el anuncio del "Ocaso".

David dijo...

Te sigo desde hace ya unos años...y como ya sabes que además me dedicaba a ver las viejas entradas...
Bueno, que esta entrada "me suena", pero es tan bonita, que da igual.
Jo! Qué diferencia con la entrada anterior...
Sabes que no somos tan cándidos, pero sí que te preguntas cómo llegamos a esas cosas (y parece que no, pero por desgracia al final todo tiene explicación).

Mr. Lombreeze dijo...

David, esta vez te falla el sentido arácnido...

David dijo...

Jajaja... Síp. Pasa a veces.

Ferre dijo...

¡Amén! La cumbre de la canción (de cualquier estilo).

Simon Rattle decía que era también un canto a la desaparición de un mundo que la 2ª Guerra Mundial había transformado radicalmente (en el que se incluía su propia patria).

Saludos,

Ferre

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